Habíamos decidido esperar,
en aquella esquina en la que alguna vez nos hiciéramos del otro,
esperar a que la noche pasara, a que el día se agotara,
a que la herida de amor se secara en el vacío estrepitoso.
Habíamos decidido esperar,
como esperando a encontrarnos en esta vida de nuevo,
como en tantas otras vidas en las que coincidían
nuestros labios de a poco.
Habíamos decidido esperar a hacernos manos,
a hacernos pies, a hacernos labios y terremoto.
Habíamos decidido equipararnos al santiamén que
no se va, pero que no se queda tampoco.
Habíamos decidido esperar,
como esperando a que nos llenara el mar,
a que nos vaciara el soplido de amar,
a que nos revolcara el silencio de una noche de azahar.
Habíamos decidido esperar,
como esperando a encontrar la respuesta a esa locura,
esa cordura, esa tranquilidad que tanto nos desquiciaba
y nos hacía volar.
Habíamos decidido esperar,
como esperando a que el amor se nos acumulara un poco,
sólo unas cuantas décadas, sólo unos cuantos siglos,
sólo unos cuántos poemas.
Habíamos decidido esperar,
y esperábamos,
como esperando una respuesta,
un mensaje del más allá,
como soñando con esclarecer
el misterio que nos
rodeaba los ojos.
Y esperábamos,
como sintiendo al mundo caminar,
como viéndole pasar,
como diciéndole adiós a todo.
Y esperábamos...
El lenguaje de mi alma. Amor, dolor, nostalgia, esperanza. Simplemente, sueños...Sueños Insurrectos.
Bienvenido.
El alma dice lo que la boca no se atreve; y en este espacio he decidido desnudarme el alma para hablarle al amor y a lo que con él llega o deja de llegar. Amor: Hermano, amigo, rival, tirano; en estas líneas te escribo...