de otros mundos,
de otras vidas,
de otras despedidas.
Conocíamos nuestros ocasos
y hasta conocíamos nuestras antiguas heridas.
Y nos conocíamos tanto,
Que tanto ya sabíamos de nuestras partidas,
Que tanto nos costaba el llanto,
Que tanto nos alejábamos de
Cada tontería.
Y nos conocíamos tanto,
Que tanto conocer convocaba el llanto,
O a veces incluso el canto,
O las ganas de llover.
Y nos conocíamos tanto,
Que tantas prosas habían sido escritas,
Que tantas hojas llenas de poesía,
Que tantas ganas, que tantas caricias
Nos llenaban el acontecer.
Y ya nos conocíamos,
De otras vidas
Y otros toros,
De otras danzas
Y otras corridas.
Y después de tantas vidas,
Tantos toros,
Tantas danzas
Y tantas despedidas,
Nos encontrábamos de nuevo,
Desconociendo por completo
El uno al otro.
Y era todo nuevo,
Y todo era descubrimiento...