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El alma dice lo que la boca no se atreve; y en este espacio he decidido desnudarme el alma para hablarle al amor y a lo que con él llega o deja de llegar. Amor: Hermano, amigo, rival, tirano; en estas líneas te escribo...

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martes, 6 de diciembre de 2011

DÍAS GRISES

Pocas cosas me gustan más que los días fríos y nublados. Esos días en que todo es gris y el corazón adquiere un humor especial, un humoR nostálgico. Pocas cosas me gustan más que recordarte en estos días, en días como hoy en los que tu nombre parece ser repetido por cada una de las gotas de lluvia, por cada uno de los árboles mecidos por el viento, por cada una de las nubes que se empeñan en recordarme que me es imposible olvidarte, olvidar tu cuerpo.

Pocas cosas me gustan más que tú, que tu nombre, que tu cuerpo. Pocas cosas me gustan más que acurrucarme contigo en la cama y mirar películas en frías mañanas. Pocas cosas me gustan más que acariciarte, acariciar tu cara y pasar mis manos por tu cabello o por tu espalda. Pocas cosas me gustan más que tú; aunque ya no estés conmigo, aunque te hayas ido, aunque te empeñes en no hacerte presente; toda tu esencia, todo tu recuerdo, todo tu aroma, todo lo demás que no te llevaste está aquí.

Pocas cosas me gustan más que recordarte. Tal vez me guste más recordarte así, a la distancia y en el tiempo, porque has adquirido un tinte de diosa, de musa, de sueño inalcanzable. Y eso te convierte en algo más, algo mucho más que verdadero.

Pocas cosas me gustan más que los días fríos y nublados como hoy, pues estos días me hacen ver que te llevo tan clavada que no hay nada que puedan hacer tú, el tiempo o la distancia para arrancarte de mi lado. Estás aquí, tan presente que no te has marchado. Estás aquí, tan presente que casi puedo sentir tu mano rozándome el sentimiento, el alma, el contorno del tiempo.

Pocas cosas me gustan más que los días como hoy; entre esas cosas estás tú, o tu recuerdo y este necio sentimiento que se ha quedado en tu lugar. Y aquí estás, a través de la distancia y el tiempo. Y aquí estarás hasta el día en que la lluvia se lleve tu recuerdo, y sólo quede el sentimiento, el cual no morirá. Y sé bien que algún día, en esta vida o en la siguiente, o en las demás nos volveremos a encontrar para hacer estos sueños realidad una vez más.

Mientras tanto te espero, sintiéndote en el frío del invierno, mirándote en las hojas de los árboles meciéndose al viento, y escuchándolas nombrarte mientras la lluvia me empapa de tu cuerpo; o del recuerdo de éste, que no es tan diferente...