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El alma dice lo que la boca no se atreve; y en este espacio he decidido desnudarme el alma para hablarle al amor y a lo que con él llega o deja de llegar. Amor: Hermano, amigo, rival, tirano; en estas líneas te escribo...

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viernes, 4 de marzo de 2011

UN BREVE PARÉNTESIS EN EL CUENTO DEL AMOR

Ésta es una carta más que te escribo a ti, amiga mía. A la compañera de tantos momentos en lo que lo más importante no es lo que se siente, sino lo que se aprende.

Esta es una carta más que le escribo a todos esos recuerdos que traes siempre de equipaje y que hacen de ti una amiga tan impredecible y fascinante.

Esta es una carta más que le escribo a todas esas sensaciones que tu compañía me provoca; todas esas lágrimas que a tu lado he derramado y a todas esas sonrisas nostálgicas que el ver tu cara me ha arrancado.

Este es otro de esos momentos en que estar contigo me lastima pero a la vez me hace fuerte y me confirma que cuando te vayas de nuevo y pruebe la felicidad de estar en compañía de alguien que me regale algo más que el calor del sol y el romanticismo de una noche de luna llena, y que pase el tiempo y tenga que verte de nuevo, todo será más fácil.

Tal vez todo esto pueda sonarte ya trillado, tal vez estas palabras que menciono ya hayan sido pronunciadas muchas otras veces antes, pero hay algo en estas palabras ya tan sonadas anteriormente que las hace especiales y únicas, que son mencionadas por mí. por éste quijote buscador de amor, el cual ya está cansado de pelear con molinos de viento y que ansía probar las mieles de la victoria de encontrar por fin la paz.


Esta es una carta más que te escribo, a ti amiga mía. A la compañera de tantos momentos en lo que lo más importante no es lo que se siente, sino lo que se aprende.

Esta es una carta más que te escribo esperando sea ésta la última. Esperando no tener que verte de nuevo y poder recordarte como esa amiga que tanto tiempo me acompañó y que tanto me enseñó. Esta es una carta más que te escribo pidiéndole al destino no volver a hacerlo más. Esta es una carta más que te escribo y una vez más en que muero tratándote de alejar.

Esta es una carta más que te escribo y una vez más que muero sintiendo que el destino te ha puesto de nuevo a mi lado y sabiendo que el mundo sigue su marcha y que llegará el día en que no te vea más, mi amiga soledad.

jueves, 3 de marzo de 2011

RECUERDOS

Todo comenzó esa mañana inusual. Desde el momento que abrí los ojos comenzaron a sucederme cosas por demás extrañas. Era una mañana de primavera pero había amanecido nublado y frío. No sé porqué razón, pero los días así siempre me ponen nostálgico. Ese día no fue la excepción.

Salí de casa con un café en el estómago, un cigarrillo en los pulmones y un sentimiento de tristeza en el pecho. Al caminar por las viejas callejuelas de la ciudad, se me ocurrió ir a la fuente en donde la vi por última vez. Después de caminar por varias cuadras llegué a aquel lugar y me di cuenta en ese momento que no había vuelto desde que nos dijimos adiós.

El momento se prestaba para los recuerdos, para volver a ver su cara frente a la mía y para recordar lo que se siente tener al lado a  alguien a quién querer. Es extraño cómo todo sucedió entre nosotros, extraño cómo nos conocimos y cómo llegamos a ser tan importantes el uno para el otro en tan poco tiempo, cómo todo pasó tan rápido y cómo todo terminó del mismo modo.

A lo largo de mi vida he aprendido que todo lo que pasa en este mundo tiene un propósito y una enseñanza. Es por eso que he llegado a apreciar todo lo que me pasa. Ahora ella ya no está conmigo y aún cuando sigo conservando su recuerdo vivo en la mente y en el corazón, su ausencia sigue haciendo mella en mi estado de ánimo; especialmente en días como aquella mañana de primavera.

Aún no he podido descifrar qué es lo que me pasa, pero cada vez que me enamoro termino lamentándome. Tal vez soy demasiado exigente, tal vez no sé qué es lo que quiero; y tal vez, solo tal vez lo mío no es estar en compañía. En fin, lo único que me resta por hacer es dejar que el tiempo me muestre las respuestas.

Al estar sentado en aquella fuente tan llena de recuerdos y sensaciones encontradas, pude darme cuenta de que lo mejor fue habernos separado. Quién sabe cuánto tiempo más habría durado esa relación tan extremosa. Ni ella ni yo estábamos preparados para un compromiso tan grande y tampoco estábamos dispuestos a no tener ninguno en absoluto. “Todo tiene un momento para comenzar y otro para finalizar;” afortunadamente pudimos darnos cuenta de ello a tiempo.

Aún con todo eso, ahí estaba yo, trayendo el pasado al presente y disfrutando de la compañía del dolor y de los recuerdos de un amor que no pudo ser.

"Tengo que hablar contigo;" dijo ella en un tono inusualmente serio y urgente, "pero no me siento cómoda aquí, ¿porqué no vamos a caminar? " Aunque no quise aceptarlo frente a ella, desde el momento que vi sus ojos me di cuenta en lo que esa plática iba a terminar.

Ella tenía varios días comportándose de una manera fría y evasiva, y yo realmente no creo haberme comportado como el más cálido de los amantes. El problema definitivamente no fue la falta de amor o interés por parte de alguno de los dos. Creo más bien que fue el temor o la inmadurez en lo que respecta a comprometerse a algo más que a vivir juntos.

Salimos del departamento con rumbo a ningún lado y después de varias cuadras dimos con una fuente, con la fuente. Era una fuente muy bella. Estaba hecha de cantera rosa y decorada con un sinnúmero de figuras que iban desde flores hasta ángeles. En la parte superior descansaba una escultura hecha de bronce. Era una mujer desnuda la cual estaba sentada sosteniendo en sus manos una especie de arpa. Chorros de agua salían del arpa emulando las cuerdas del instrumento, el cual me hizo imaginar el sonido que producirían cuerdas de tal material y la música que con esos sonidos podría hacerse.

Absorto estaba en esos pensamientos cuando su voz me regresó a la realidad. Ahí estábamos los dos, frente a frente y hablando de cosas que sabía de antemano y que no quería que me fueran mencionadas. Ella continuaba hablándome y diciendo con lágrimas en los ojos tantas cosas. Me contaba cómo nuestra relación ya no era la misma. Cómo todo se había vuelto un continuo ir y venir sin un destino específico. Cómo habíamos llegado a tener una relación tan exigente y cómo ninguno de los dos estaba dispuesto a comprometerse a algo más. Yo no podía hacer otra cosa que asentir con la cabeza y seguir escuchando esas palabras que se clavaban en mi pecho como estacas, hiriéndome, sabiendo que todas ellas eran verdad.

Al escuchar su voz entrecortada por las lágrimas, me vino a la mente el recuerdo de la primera noche que pasamos juntos. Llevábamos ya algún tiempo pensando en vivir juntos, pero ella no se decidía. Me imagino que la educación que había recibido en su casa era un lastre que no le permitía hacer las cosas sin tener que pensarlas detenidamente antes. Finalmente y después de mucho meditarlo se decidió. Y el fin de semana siguiente lo pasamos moviendo sus cosas a mi departamento. Ese Sábado fue especialmente importante para los dos porque, aunque habíamos dormido juntos en otras ocasiones, esa fue la primera vez que lo hicimos en un lugar que considerábamos nuestro. Estando ahí, en la cama con ella a mi lado abrazándome, pude sentirme completamente feliz, entero.

No sé cuanto tiempo habría estado penando en ello, tal vez sólo fueron algunos minutos, pero a mí me pareció una eternidad. Ahí estaba yo, escuchando sus palabras pero a la vez recordando tantas cosas que con ella había pasado; tantas experiencias que parecían tan insignificantes pero que en ese momento tomaron una importancia muy especial.

Y ahí, escuchándola decirme adiós pidiéndole al destino que todo fuera un sueño del cual poder despertar, me dio un último beso y se alejó dejándome con el alma destrozada y con un corazón lleno de recuerdos y de sentimientos encontrados.

El grito de un niño me regresa a la realidad. Sigo sentado en esa fuente y me doy cuenta que, aún cuando un par de años han pasado desde la última vez, aún sigo sintiendo tanto por esa mujer. Es tan extraño todo esto, ella probablemente ya no se acuerda de mí y yo sigo tan atado a ella y a este sentimiento que sigue tan clavado en el corazón que no creo poder deshacerme de él por un buen tiempo más.

Siempre he creído que la vida es una red intrincada de caminos, uno camina y de vez en cuando se encuentra con otros caminos en donde otras personas circulan. A veces esos caminos se unen y siguen el mismo rumbo; a veces se quedan juntos, pero la mayoría de las veces se separan, no sin antes habernos dejado un poco más de sabiduría. Creo que el camino que seguí con aquella mujer me dejó sabiduría, pero más que nada recuerdos y sentimientos que ya no se van a ir.

Ahora que el tiempo ha pasado y que nuestros caminos se han separado. Ahora que la distancia y el adiós se han puesto de por medio; ahora creo más fervientemente que nunca que llegará el día en que mi camino se unirá con el de una mujer que llenará mi vida de amor y de felicidad, que me enseñará que la vida es más que tropiezos y adioses y que caminaremos el mismo camino hasta que ya no podamos caminarlo más. Mientras tanto sigo caminando, pues el caminar es lo que nos mantiene vivos. Mientras tanto sigo caminando y conservando la esperanza de ser feliz y amado otra vez...

UNA TARDE ESPECIAL

Es tarde, el viento vespertino acaricia los árboles y arrulla a los miles de pájaros que han decidido posarse sobre sus copas para descansar y llamar a la noche con su canto.

Estoy en la cocina, solo, sorbiendo una taza de café tibio, fumándome un cigarrillo y buscando la manera de no pensar en ella tanto. La radio toca una vieja canción que me transporta a aquella noche en que la vi por primera vez en aquel lugar que me pareció tan extraño y diferente a mí, y que después se convertiría en este recuerdo inolvidable de una lunada en donde un amor comenzó.

Le doy una última fumada al cigarrillo y lo apago, al hacerlo casi puedo verla diciéndome “ ya no fumes”, quitándome el cigarrillo y provocando una persecución para terminarla abrazados, sonriendo, pensando que todo es maravilloso y que puede serlo para toda la vida... pero no lo es.

Ya es de noche, todo está oscuro y no sé cuánto tiempo llevo ya sentado aquí, pensando en ella y buscando la manera de no hacerlo. Enciendo otro cigarrillo y me levanto de la mesa. Salgo al patio y me recargo sobre el quicio de la puerta. El viento se ha convertido en una suave brisa que hace que el calor de estos días se sienta un poco más.

Esta es una de esas tardes de melancolía en las que lo único que quiero es estar así, pensando en ella tratando de no hacerlo y disfrutando de mi dolor; pensando que aún está conmigo en otra forma más que sólo en recuerdo, sintiendo sus besos, creyendo que esto es maravilloso y que puede serlo para toda la vida... pero sigue sin serlo.

Le he dado muchas vueltas a este asunto pero todo me conduce a la misma conclusión: la quiero, pero aún no sé qué es lo que quiero. El día que me despedí de ella le dije y me dije que sería para siempre, y realmente no sé qué es más grande, si mi amor o mi orgullo. Muchos me han dicho que la olvide, que no vale la pena tanto sacrificio para verla unas cuantas horas, dos veces al mes y para que, a final de cuentas, terminemos cada vez que esté ocupada. No lo sé, tal vez tienen razón. Tal vez este amor no valga la pena, tal vez ella no sea la indicada, y tal vez, sólo tal vez nuestro destino no sea el estar juntos.

Es tan difícil estar solo, es tan duro no tener a alguien a quién querer, que la única manera en que puedo estar bien es así, viviendo en el pasado y añorando que el futuro sea mejor, que el dolor se vaya lejos y que encuentre el amor correspondido.

Aún no sé si estoy bien o mal. No sé si me arrepentiré de la decisión que he tomado, y tampoco sé qué es lo que pasará después. Y realmente no me importa mucho en este momento, si algo he aprendido es que en esta vida no vale la pena preocuparse por las cosas, sino ocuparse. Si uno no sabe qué es lo que pasará, entonces no debe preocuparse. De cualquier manera, lo que tenga que pasar, pasará.

¡Qué tarde he tenido hoy! Por mi mente han pasado miles de recuerdos que, de alguna u otra forma han estado presentes siempre, pero hoy han decidido visitarme todos juntos. Me siento extraño, no sé si estoy triste, melancólico o solamente un poco “azul”.


En fin, ésta ha sido una tarde en la que su nombre me llevó de nuevo a aquel tiempo de caricias a granel y de sueños y esperanzas en donde lo único que nos separaba era la distancia. Ahora ella ya no está conmigo y hemos dejado de ser uno para convertirnos en dos de nuevo. Ahora lo único que importa es implorarle al corazón por un poco de amnesia y a la cabeza otro poco de cordura, otra vez.

Ya no sé si es mi suerte o soy yo, pero tal pareciera que es mi destino estar así, solo, añorando los días del pasado y recordando la felicidad vivida, tratando de reconstruir mi vida y encontrar otro amor, para después sufrir con su adiós y terminar con la vida deshecha... otra vez.

Es tarde, el viento vespertino se ha ido y dejado paso a la brisa nocturna. Es una brisa serena, tranquila; tal como mi alma se encuentra ahora, porque aunque sufre y se acongoja, también ha encontrado la paz que sólo muchos corazones rotos pueden dar. Duele, todavía suele pero he aprendido a vivir con el dolor y a sacar lo mejor de lo peor.

Esta tarde tan agitada ha terminado por agotarme. Prendo el último cigarro de la cajetilla y sonrío. No sé porqué lo hago, pero de alguna manera me siento satisfecho por otro día que termina bien, estoy en mi casa en una noche apacible, tengo un buen trabajo, buenos amigos y todos esos recuerdos para acompañarme durante mi estadía en este mundo material y más allá.

Y así, esperando que esta rueda de la fortuna llamada vida dé otro giro y esté de nuevo arriba, fumo mi cigarro y le sonrío al destino por todas las cosas maravillosas que he vivido y por todas esas mujeres que , de alguna u otra forma han significado tanto y me han hecho feliz, aunque sea unos instantes.

Es tarde, el viento vespertino hace largo tiempo que se fue, la brisa nocturna refresca mi cara y se lleva los recuerdos a su rincón habitual. Ya los irá sacando paulatinamente, hasta que decidan visitarme todos a la vez y vuelva a tener una tarde melancólica, como la de hoy...

LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA REALIDAD Y LA FANTASÍA

Si esto es un sueño no me despierten, pues así, soñando con ella soy feliz.

No quiero que lo mencionen, no quiero que me lo digan, si esto es acaso una ilusión, si es acaso una mentira. Quiero permanecer en silencio probando esta muerte divina, probando este sueño etéreo, viviendo intensamente acabándome la vida.

No quiero que me despierten, si acaso estoy durmiendo, no quiero perder sus labios ni quiero más sufrimiento. Que digan que estoy borracho, que digan que ya estoy muerto, pero que me dejen a tu lado viviendo en este dulce sueño.

Dicen por ahí que el amor es sólo un juego, que hay que saberlo jugar para poder ser su dueño. Dicen que es bueno jugar, dicen que el amor es bueno; que vuelve al hombre un jugador y vuelve a la mujer un trofeo.

Que diga la gente lo que quiera, que cada quien viva su vida; que me dejen seguir soñando en este sueño vuelto a la vida.

Si así soy feliz, quiero seguir soñando, quiero seguir durmiendo, teniéndola día con día. Que el sueño alimente el amor y el amor alimente mi vida, que me dejen seguir soñando con la niña de mi vida.

Que estoy dormido, que estoy despierto, que esto es un juego o es nada más que la vida. Que siga el mundo girando y viviendo cada quién su vida, y que a mí me dejen soñando en este sueño con vida.

No sé cuando me perdí, no sé si aún estoy despierto. No sé dónde me perdí o donde empezó el sueño, sólo sé que me caí en un dulce sentimiento, me perdí en su calor y en el sabor de sus besos.

Dormido, aún no lo sé; despierto, lo sé aún menos. No sé si con ella desperté o me la encontré entre sueños. Que la quiero es lo que sé y que no puedo dejar sus besos.

La vida me dio un regalo, si es un sueño, no me quejo. Me dio el calor de sus abrazos y el consuelo de sus besos. Me dio una razón de vivir o un motivo para no seguir despierto.

No quiero que me despierten si acaso estoy durmiendo; no quiero perder sus labios ni quiero más sufrimiento. Sólo quiero tenerla a mi lado y que este sueño se vuelva eterno.

Dedicado al ángel vestido de mujer,
el cual aún no sé si me lo encontré
caminando por la vida o en un sueño
del que todavía no despierto, y realmente
no sé si quiera hacerlo.

LA DIFERENCIA

La oscuridad cayó hace ya varias horas, pasa de la medianoche y me encuentro en este lugar escribiendo una carta más a la mujer que amo.

A lo lejos se escucha una melodía que me resulta bastante conocida y me trae recuerdos de mis días de secundaria. Es invierno, falta un solo día para Nochebuena y todavía no me siento con aquel espíritu navideño que solía invadirme años atrás, pero eso no me molesta, al menos no en este momento, he encontrado un sentimiento el cual puede suplantar a cualquier otro y hacerlo mejor.

Es extraña la forma en que el amor puede hacerte cambiar tantas cosas que llevas tan arraigadas. Puede hacerte tranquilo como el agua de la montaña que baja sin prisa y acaricia las rocas de la ladera o puede hacerte fuerte y salvaje como la tormenta que azota al barco en el océano. El amor cambia a la gente, las hace diferentes  y hoy me siento tan diferente...


Hoy me siento feliz, una nueva luz de esperanza se enciende en mi corazón. Me dice que, después de todo, si deseas con suficiente vehemencia algo, esto se hace realidad, tarde o temprano.

Quisiera decirle tantas cosas, a ella, a la culpable de que mi corazón no sea más mío, a ella que ha hecho que pierda mi libertad y que esté atado a su ser, que no pueda y que no quiera escaparme más.


Quisiera decirle tantas cosas, a ella, a La que  con sólo dos palabras me ha hecho feliz, que ha hecho que se recobre la confianza, que ha curado una herida y me ha hecho sentir especial, otra vez.

Quisiera decirle tantas cosas, a ella, a mi mujer, a la que vuela. A esa mujer que es tan mía como las estrellas en el infinito. A ella que es tan especial como la risa de un bebe y tan misteriosa como la noche.

Quisiera decirle que la quiero, que me hace tan feliz que ella lo haga también; que pueda abrir esa coraza de fuerza y me enseñe ese ser tan especial y tan lleno de cosas bellas. Que me importa tanto el saber que no le soy indiferente y que ha podido hacer a un lado el temor y la desconfianza, así como la rudeza para mostrarme un poco de su corazón.

Quisiera decirle tantas cosas, tomarla  de la mano y juntos, abrazar la luna.

Quisiera decirle que es mi razón y mi motivo y que es la luz de mi camino.

Quisiera decirle que la quiero y que me importa, aunque a veces no parezca.

Quisiera decirle tantas cosas, y simplemente no encuentro palabras para hacerlo.

La oscuridad cayó hace ya varias horas. Pasa de la medianoche y me encuentro en este lugar, escribiendo una carta más a la mujer que amo, y una vez más me he quedado sin palabras para hacerlo. Pero aunque no hay palabras, sé que lo sabe, y aunque el mundo se quedara sin palabras y no pudiera decirle nunca más todo lo que quisiera, todas esas palabras serían dichas sólo con el corazón.

El amor cambia a la gente, los hace diferentes, y hoy me siento tan diferente; porque hoy me has dicho que tú te sientes igual...

EL SUEÑO

Abro los ojos, volteo hacia ambos lados pero no logro reconocer el lugar en el que estoy. Me levanto y comienzo a caminar. Me siento mal, el pecho me duele, me lastima, tanto que no me deja respirar. Busco reconocer el lugar pero no consigo traer su recuerdo a la mente. Por si mi falta de memoria no fuera suficiente, una densa bruma cubre por completo el lugar, haciéndolo lucir como un paisaje sacado de una historia de fantasmas.

Es un lugar muy extraño, es como un enorme valle lleno de caminos. No hay sonidos en este lugar, mis pasos simplemente no se escuchan aquí. No hay viento, pero el clima es fresco, casi frío; no se siente ningún movimiento, todo es silencio, todo es calma.

En ese lugar tampoco hay aves ni ningún otro tipo de animal, no se ven árboles pero hay mucho pasto alrededor. Este pasto es muy verde, es corto y está muy bien cuidado, como acabado de cortar. El cielo es muy azul y no hay nubes, pero todo está cubierto por esa extraña bruma y la luz que ésta deja pasar es muy parecida a la que se ve al amanecer.

Sigo caminando sin ninguna dirección fija, en este lugar todo parece igual. A medida que voy avanzando comienzo a distinguir lo que parecen personas. Apresuro mi paso y me acerco a ellas, al verlas mejor me doy cuenta que son una especie de siluetas, las cuales parecen estar hechas de cera, una cera blanca, casi transparente.

Son muy extraños, no son parecidos a nada que hubiera visto antes en mi vida. Me recuerdan a aquellos muñecos que solía tener cuando era niño. Esos juguetes que vendían en la calle por una casi simbólica cantidad. Es gracioso ahora que lo recuerdo, de la infinidad de juguetes que tuve, siempre cuidé más aquellos que menos costaban, mientras que todos los juguetes caros que mis papás me compraban terminaban perdidos, cambiados por un juguete menos valioso, mutilados u olvidados en algún lugar.

Las caras de estos seres, si es que puede llamarse así, tienen rasgos imperceptibles. No tienen boca, cabello, ojos, ropas ni alguna otra característica que pueda diferenciarlos, excepto su color. De acuerdo a éste, pude agruparlas en por lo menos seis diferentes tipos.

El primer tipo de silueta que distinguí fue el de color gris. Estas fantasmales figuras constituían el grupo más numeroso, todas eran exactamente iguales y no parecían percatarse de mi presencia. Estas siluetas eran las más lejanas y estaban esparcidas a todo lo largo y ancho del lugar.

El segundo tipo de silueta era el de color azul. Éstas eran el segundo grupo más grande en número, y aunque eran mucho menos que las primeras, también eran muy numerosas. Estas siluetas estaban esparcidas por todo el lugar también, pero se encontraban más cerca de donde yo estaba. Este grupo, a diferencia que el primero, parecía haberse percatado de mi presencia, pero no le dieron importancia y continuaron con sus actividades.



Estos dos tipos de siluetas me intrigaban, eran seres que simplemente vagaban por el lugar, es reunían en grupos que muchas veces estaban formados por las criaturas de ambos colores, los cuales realizaban algún tipo de ceremonia o ritual extraño a mi comprensión. Quise acercarme a ellas, tratar de comunicarme, pero algo más llamó mi atención. Al voltear, me di cuenta que un grupo de siluetas caminaba junto a mí. Eran pocas, comparándolas con los otros dos grupos y tenían diferentes colores entre ellas, unas eran amarillas y otras eran rojas.

Parecían ser amigables y constantemente volteaban a verme. Había entre esos seres uno que no se parecía a las demás siluetas que caminaban junto a mí, su “piel” si es que podemos llamarle así, era rosa, y al igual que las demás parecían interesarse por lo que yo hacía.

Estaba intrigado, aquella era la única silueta de su color en todo el grupo. Durante el camino pude ver otras dos siluetas del mismo color, pero se encontraban junto con las siluetas de color azul y no parecían preocuparse más que por sus asuntos. Es por eso que me resultaba tan extraño que esa silueta caminara junto a mí. al principio pensé que eran alguna clase de dirigentes o personajes de alto rango,; aquella hipótesis que daría descartad a al poco tiempo, ya que me percaté que lo único que diferenciaba a esos seres era su color. No parecía haber ningún tipo de líderes o personajes que ejercieran algún tipo de influencia en los demás. Lo único que sabía era que aquel ser rosado me inspiraba una gran confianza y paz.





No entendía lo que pasaba, ahí estaba yo, en ese lugar localizado quién sabe en dónde, con la misión de hacer quién sabe qué; con aquellos seres extraños a mi lado. Todo parecía un sueño, una especie de estado de semi-conciencia en donde todo parecía estar hecho del mismo material con que están hechos los sueños, las fantasías; pero aún así, todo lucía tan real.

Las siluetas más próximas a mí eran de color rojo, pero entre ellas había unas de color más intenso, y eran las que volteaban a verme con mayor frecuencia e interés, y no podría asegurarlo pero casi podría decir que me sonreían.

Después de las siluetas rojas y rosa, estaban unas siluetas de color amarillo, las cuales eran también amigables y parecían interesarse por lo que hacía. Al igual que los otros tipos de siluetas amigables, había algunas más brillantes que otras, y eran las más brillantes las que parecían interesarse más por mí.

Quise hablarles, preguntarles acerca del lugar en el que me encontraba, qué era lo que hacían ahí, y sobre todo, qué hacía yo ahí. Tenía tantas preguntas, pero al tratar de hablarles, de mi boca no pudieron salir palabras. No podía hablarles, estaba mudo como lo estaba todo en ese lugar. Por más que lo intenté, no pude emitir sonido alguno, y finalmente me di por vencido.

Todo eso me tenía intrigado, ¿quién era esa gente, o lo que fueran? Y sobre todo, ¿qué diablos hacía yo ahí? Mi mente intentaba resolver aquel rompecabezas pero había demasiadas piezas faltantes.

Seguimos caminando y me sorprendió la cantidad de siluetas que había a mi alrededor. La gran mayoría eran de color gris y pasaban junto a mí sin siquiera voltear a mirarme. Algunas de esas siluetas, muy pocas, volteaban a verme y al instante cambiaban de color y  se volvían azules. Otras hacían lo mismo pero en vez de volverse azules, cambiaban de color y se volvían amarillas, entonces su camino cambiaba y se unían al grupo que caminaba junto a mí.

Conforme caminaba, noté que las siluetas que me acompañaban también a veces cambiaban de color y de rumbo. Muchas de las siluetas amarillas se separaban del grupo; algunas de ellas iban obscureciéndose hasta volverse azules. Otras sin embargo, permanecían siendo amarillas y de vez en cuando volteaban a verme.

Era realmente extraño ver como aquellos seres unicromáticos iban y venían cambiando de camino y de color. Por más que intenté, no conseguí descubrir el porqué de éstos súbitos cambios de dirección y pigmentación.

Extrañamente, pude notar que ni las siluetas rojas ni la rosa cambiaban de color, lugar o dirección. Permanecían junto a mí como si por alguna causa o razón estuviéramos ligados, unidos por una especie de relación, lazo o misión; por un mismo ideal o la misma meta.

Seguimos caminando y aún no lograba entender porqué caminaba, pero una fuerza muy dentro de mí me obligaba a hacerlo. El dolor en mi pecho aún era muy intenso y varias veces tuve que detenerme a recobrar el aliento, pero algunas siluetas me ayudaban a seguir andando y, aunque no hablaban, me daban ánimos.

Al ir caminando, me di cuenta que a unos cincuenta metros adelante, el camino se dividía en dos. Yo no sabía qué camino tomar, afortunadamente un para de siluetas amarillas me hicieron una seña indicándome que tomara el camino de la izquierda. Estaba dudoso, debo confesarlo; no sabía quiénes eran estos seres translúcidos con los que estaba, y mucho menos sabía lo que querían de mí me sentí un tanto temeroso pero mi propia curiosidad me obligó a seguirlos.
Tomamos aquel camino y no pude preguntarme qué iba a pasar. ¿qué tal si me hacían daño?, ¿qué tal si me llevaban a un lugar del cual no pudiera salir y me quedara en ese lugar extraño por todos los días de mi existencia?

No podía recordar mucho, pero estaba seguro que aquel lugar no era mi casa; por otro lado pensé ¿y que tal si me enseñan el camino que me lleve a casa, dondequiera que ésta esté?

Como lo dije, mi curiosidad fue más fuerte que mi temor y seguí caminando. Después de un rato de andar, llegamos a un lugar en donde un grupo de siluetas grises se encontraban. Aquel grupo no era muy grande, serían alrededor de veinticinco figuras. Yo estaba nervioso, ésta era la primera vez que tenía contacto con ella. Incluso varias veces pensé en salir huyendo de ahí, de tratar de regresar al camino que había dejado atrás, pero algo, una fuerza me detuvo augurando algo importante.

Poco a poco, estas figuras fueron convirtiéndose, transformándose; se volvieron azules. Todas ellas eran muy amigables y, aunque no eran amarillas, rojas o rosas, despertaban en mí una gran confianza. Todo aquel miedo, inseguridad o desconfianza que sentía hacia ellas desapareció y en su lugar dejó una estimación , un afecto muy sincero.

Entre de todas aquellas siluetas, hubo una que llamó especialmente mi atención; era azul como las demás pero tenía un punto blanco en el pecho el cual desprendía una luz pequeña pero intensa. Desde el primer momento que la vi me acerqué a ella, mis amigos amarillos parecían querer que yo la conociera. Al mirarnos pude darme cuenta que era especial, y desde el principio hubo una especie de identificación.

Si aquellas siluetas azules me inspiraban confianza, la silueta del punto luminoso lo hacía mucho más. Era como si hubiera surgido entre nosotros dos una especie de amistad, una especie de lazo.

Después de algún tiempo las siluetas azules comenzaron a marcharse. Algunas se fueron juntas y otras tomaron diferentes caminos. Yo no pude adivinar porqué lo hacían, no sabía si las había ofendido o si solamente tenían que partir. Al verlas marcharse creí que la figura del punto de luz se iría también, pero por alguna razón que no podía entender, no lo hizo en vez de eso se colocó a mi lado junto con el grupo de siluetas que había dejado en el camino anterior. Y así juntos, comenzamos a caminar, pero esta vez sería en aquel nuevo camino y con aquel nuevo miembro del grupo a mi lado.

Algo extraño sucedía cada vez que aquel ser y yo volteábamos a vernos, era como si aquella silueta tuviera algún tipo de poder que hacía que mi pecho no doliera tanto. Era como un efecto hipnótico el cual me hacía olvidarme de todos mis malestares.

Era tan desesperante no poder hablarle, no poder decirle lo que me hacía sentir, no poder saber nada de aquel ser y de las sensaciones que en mí provocaba.

Era increíble lo que aquel ser podía hacer con sólo mirarme, podía desaparecer mis penas, mis angustias, mi incertidumbre; podía desaparecer aquel dolor de mi pecho el cual yo no podía curar y no me dejaba vivir. Me sentía feliz cada vez que aquel ser me veía y cada vez necesitaba más de él.

De pronto, algo muy extraño comenzó a sucederle a mi azulado amigo; primero el punto de luz de su pecho comenzó a brillar más y más; después, su cuerpo comenzó a tornarse verde, un verde que jamás había visto. Parecía un verde pastel, pero su intensidad era mucha y tenía una especia de brillo metálico.

Después fue volviéndose más clara hasta convertirse en amarilla. Era un amarillo hermoso, tan intenso como la luz de la luna. Yo estaba sorprendido, ninguna de todas las siluetas que había visto en aquel lugar había hecho eso. Habían cambiado de color. Pero nunca en esos tonos y en esa intensidad, de cualquier manera no había visto otra silueta igual en ningún otro lado.

Otra cosa que llamó importantemente mi atención fue que el punto luminoso que se encontraba en el ahora amarillo ser, por alguna razón no cambiaba de color, únicamente de intensidad. Se volvía más y más brillante.

Después, aquella silueta continuó cambiando hasta volverse naranja. Ese naranja era tan intenso como el naranja que tiene el atardecer; ese color que va del naranja al morado y que juega mientras el sol se va ocultando.

Yo no sabía qué hacer, estaba tan sorprendido como, en cierta forma emocionado. Ese espectáculo de color era algo realmente inquietante y emocionante. Aquel ser estaba cambiando de color, no sé si voluntaria o involuntariamente, y lo estaba haciendo justo en mis narices, y eso era algo  realmente bello.

Aquella silueta ejercía una extraña atracción en mí, y algo, una fuerza me motivó a tocarla, a sentirla. Estiré mi brazo un tanto nervioso, quería hacerlo pero a la vez sentía miedo, miedo porque no sabía qué estaba pasando; miedo porque aquel ser acababa de unirse al grupo y no sabía nada de él, y miedo porque no tenía idea de cuáles eran sus intenciones- claro que no tenía idea de las intenciones de ninguno de los seres que me acompañaban, para tal caso.

Por fin, armándome de valor e impulsado por la curiosidad más que otra cosa, estiré mi dedo índice y la toqué. Inmediatamente después de hacerlo, aquel ser cambió de color de nuevo, ahora su “piel” era de un rosa muy intenso. Tenía unos tonos tan extraños que el poder describirlos me sería imposible.

Aquel cambio de color realmente me desconcertó, ¿qué diablos estaba pasando? ¿porqué se había puesto de ese color? ¿acaso aquello quería decir que tuve que haber tocado a los otros seres rosas que había visto antes?

Eso era imposible, aquella era la primera vez que me encontraba en aquel lugar, en esa tierra de ideas solidificadas. Nada tenía sentido, instintivamente retrocedí. No sabía lo que iba a suceder. Aquel ser estiró sus brazos y me detuvo tomándome por los hombros. Entonces sucedió. Al tocarme, una extraña sensación comenzó a recorrer mi cuerpo mientras un halo de luz blanca me rodeaba y un indescriptible y suave calor me invadía, esa tibia sensación envolvió mi ser y el clima fresco, casi frío de aquel lugar no volvió a sentirse en mi piel.

Volteé la mirada hacia la silueta y noté como cambiaba de nuevo. Aquel ser comenzó a brillar. Primero fue el punto luminoso de su pecho, el cual fue haciéndose cada vez más brillante. Y entonces ahí, justo ahí frente a mis ojos sucedió la cosa más increíble y fantástica que pude ver jamás.

Aquella silueta comenzó a volverse cada  vez más clara hasta quedar completamente blanca. Aquel era el blanco más blanco que había visto en toda mi vida. Entonces, la “piel” transparente que la cubría comenzó a cuartearse y a caer en pedazos. Esos trozos de “piel” , al contacto con el suelo se evaporaban, se volvían un vapor hecho de luz, el cual brillaba a medida que se esparcía por el lugar hasta que terminaba por desaparecer.

Entonces sólo quedó luz. Aquella figura antropomórfica estaba ahora hecha de luz. Las palabras me son insuficientes para describir el asombroso espectáculo que estaba presenciando; aquella figura comenzó a brillar con tanta intensidad que tuve que cubrirme los ojos para no quedar cegado por la luz.


Ya no sentía miedo, estaba absorto en aquel ser luminoso y en la transformación que había sufrido. Mis ojos veían, pero mi mente se negaba a creer que aquello estuviera sucediendo. De pronto, el ser de luz abrió sus párpados y dejó ver los ojos más bellos y profundos que jamás vi. Eran grandes y de un azul tan intenso como el cielo de verano; y eran profundos, tan profundos que simplemente parecían no tener fin. Eran serenos, suaves pero a la vez emotivos, hablaban por sí solos, me decían tantas cosas.

De su cabeza comenzó a brotar una especie de cabello el cual parecía estar hecho de luz también, de una luz dorada como el trigo y brillante como el sol. De su espalda salieron, no encuentro la palabra adecuada, nacieron, surgieron lo que parecían un par de enormes alas hechas de un material intangible y transparente, pero lleno de colores, tantos que me habría sido imposible contarlos. La gran mayoría de estos colores eran nuevos para mí, jamás los había visto y no puedo describirlos porque no creo que existan en otro lugar.

Aquellas alas eran casi tan bellas como el ser de luz. Estaban hechas de una especie de luz material, espesa. El espectáculo aquel era tan maravilloso y único que me había puesto en alguna especie de trance el cual me impedía moverme. Realmente desconozco cuanto duraría el suceso aquel, tal vez fueron sólo unos segundos, pero a mí me pareció que aquello duró cien años. Como si de pronto el tiempo se hubiera detenido, como si aquel ser lo hubiera detenido.

Con una indescriptible e inmensa ternura me miró con aquellos ojos profundos como el mar y me sonrió. Una gigantesca emoción inundó mi cuerpo. Todo lo demás parecía haber desaparecido. Nada más había a mi alrededor, y si lo había, en esos momentos simplemente no importaba. Sólo estábamos ese ángel, ese ser de luz y yo.

A continuación se acercó a mí, se inclinó y con sus labios de luz sólida tocó mi pecho. Entonces sentí como todo mi cuerpo se estremeció, cómo temblaba, como si estuviera conteniendo algo que no cabía en él y necesitaba ser expulsado.

Me sentía como un volcán a punto de hacer erupción, como una bomba a punto de estallar; y así lo hice. Un estremecimiento mayor me sacudió de pies a cabeza, el corazón me latía tan fuerte que pensé que se me saldría del pecho; la cabeza comenzó a darme vueltas y sin poder contenerme, volteé mi rostro hacia el cielo y una especie de luz líquida comenzó a salir de mi boca y ojos. Esta luz tenía un color  muy especial, era una luz negra muy brillante la cual salió de mi cuerpo como un chorro de agua a gran presión y así, a gran velocidad se fue alejando con dirección  a la cúpula celestial. Al llegar a lo más alto y como si hubiera chocado con algo, la luz se expandió y explotó, convirtiéndose en pequeñas partículas las cuales cayeron sobre nosotros como una lluvia ligera.

Un gran alivio me invadió después de eso, una enorme paz y tranquilidad se posaron sobre mí. Me sentía ligero, como si de pronto me hubieran quitado un gigantesco peso de encima, como si hubieran desatado un gran lastre que me aprisionaba y no me dejaba vivir. Me sentía ligero, tranquilo y en paz conmigo mismo.

Bajé la vista y miré mi pecho y me di cuenta que en donde había estado aquel doloroso punto negro, ahora yacía un bello y fulgurante punto de luz, tal como aquel ángel tenía antes de transformarse, aquel ser había hecho lo que yo no había podido, y sólo lo había hecho con tocarme.

Volteé a verlo y le sonreí, me encontraba tan emocionado que mis ojos comenzaron a nublarse y terminaron por llover; no llovían de tristeza o dolor, ya no; ahora llovían de alegría y agradecimiento. Aquel dolor que tanto me había torturado por fin se había ido, se había disuelto en el aire para no regresar, y así, le di las gracias al ángel, a mi ángel llorando.

El ángel al verme llorar, se acercó y con sus alas me abrazó; ya nada me preocupaba, ninguna otra cosa importaba. Ya no me interesaba saber quiénes eran aquellos seres extraños y traslúcidos ni qué significaba todo esto que estaba pasando; mucho menos me importaba lo que hacía yo en ese lugar, incluso el silencio comenzó a desaparecer. Miré e mi alrededor y vi como todo comenzaba a adquirir un color más real. Pude ver también a la gente que me acompañaba, las cuales ya no eran siluetas sin facciones sino personas, gente demasiado conocida para mí.

Aquellas personas al verme comenzaron a reír y a aplaudir, unas incluso lloraban de emoción al ver que en mí no había más dolor, pena, duda o incertidumbre. Miré al ángel y me aferré a su cuerpo con todas mis fuerzas, y entonces, con una voz extraña, diferente pero muy bella, me dijo adiós. Yo no quería despedirme de aquel ser de luz, de mi ángel sanador. Quería quedarme con él por siempre, olvidarme de todo e irme con él a donde fuera, a donde me llevara.

Con lágrimas en los ojos le supliqué que m no se fuera, que no me dejara, que me llevara con él. Lo único que hizo fue sonreírme con aquella sonrisa única, llena de amor, bondad y ternura, acercó su rostro y unió su boca con la mía. Entonces todo comenzó a llenarse de luz y no pude ver más. Las últimas palabras que logré escuchar de él fueron: no estás solo, nunca más lo estarás.- y todo volvió a la oscuridad y al silencio...

Abro los ojos, volteo hacia ambos lados y comienzo a reconocer el lugar en donde estoy. Todo sigue tal y como lo dejé anoche. Mi ropa aún sigue en la mecedora que le compré a mi padre muchos años atrás y que, tras su muerte, pasó a ser mía. En el escritorio aún está la pluma con la que la noche anterior había escrito una poesía, una más dedicada a ella. Recargada en la esquina de la habitación aún está mi guitarra, aquella compañera con la que tantas veces le llevara serenata; ahí estaba, como esperando ser tocada, esperando revelar los secretos que guarda en su interior de madera.

Pero volteo y no la veo en la cama, el lado que fuera el suyo se encuentra vacío. De un salto me incorporo y comienzo a buscarla. Voy al baño pero ahí todo está igual, vacío. ¿Acaso sólo fue un sueño?¿Acaso mi vida llena de felicidad con ella sólo había sido una ilusión, un espejismo?

Salgo corriendo del cuarto y comienzo a recorrer la casa. Busco en las habitaciones, en los baños, en el desván, pero todo está igual, sin rastro de ella. Bajo las escaleras y de tres pasos llego a la cocina, pero todo está igual. Voy a la sala y me tiro de rodillas en la alfombra, cierro los ojos. ¡No puede ser! No pude haberlo soñado, ¡No es justo!

Me siento desolado, frustrado, enojado, impotente al no poder encontrarla. No puedo creerlo, es imposible que lo haya soñado, el recuerdo es tan vívido. De mis ojos comienzan a brotar gotas de desesperación, de tristeza, de dolor. Dolor de no tenerla junto a mí; dolor de ver que mi felicidad fue sólo un juego, sólo una ilusión; una broma de la vida, una broma muy pesada.

Me cuesta tanto pensar que todo esto fue un juego de mi inconsciente, el cual me hizo creer que por fin había encontrado la felicidad, que por fin había encontrado el amor. Lloro, lloro como el niño al que le han quitado su más preciada posesión. Lloro desconsolado.

Pero algo sucede, levanto el rostro y abro los ojos. Me seco las lágrimas con el dorso de la mano. Escucho algo en la distancia, con voces, voces de niños riendo, voces que me resultan conocidas, demasiado conocidas. Me pongo de pie lentamente y comienzo a buscar la dirección de donde provienen esas voces.

Camino, las voces me conducen hasta la puerta posterior de la casa, a la cocina. Las voces se van haciendo cada vez más y más claras. Abro la puerta y salgo. El sol de la mañana me da en los ojos y no puedo ver bien. Alcanzo a distinguir las siluetas de un niño y una niña que están jugando aproximadamente a unos cincuenta metros de mí. junto a ellos hay una mujer, se encuentra de espaldas a mí. su cabello está iluminado por el sol, el cual lo hace ver como si estuviera hecho de luz, de una luz dorada como el trigo y brillante como el sol.

El niño voltea y me ve, inmediatamente sonríe y grita: ¡papi!¡papi!, comienza a correr en dirección a mí, la niña al verme hace lo mismo, entonces la mujer de cabellos dorados se da vuelta y me mira, tiene los brazos cruzados y una sonrisa en el rostro.

Es ella, la mujer de quién hace tanto tiempo me enamoré, la mujer con quien decidí pasar mi vida; esa mujer de extraño acento y risa pronta que me cautivó desde el primer día que la vi.

Al llegar a mi lado me abraza tiernamente y me da un beso en la boca, entonces me sonríe y con es tierna voz y esa forma de decir las cosas tan característica de ella me dice: ¡cómo te quiero!-

Nada más hace falta por decir. Mi vida está completa,  la tengo junto a mí y tengo a esas dos criaturas a mi lado. Sólo una cosa me inquieta en medio de esa enorme felicidad; aquel sueño, ese sueño tan extraño que tuve y que pareció tan real. Y aquel ángel, ese ángel sanador y sus palabras, las cuales aún tengo dando vueltas en la mente. ¿Qué significó ese sueño? ¿Quién era ese ángel? Y sobre todo, ¿Qué fue lo que me quiso decir?

Al mirar de nuevo a aquella mujer de dorados cabellos, al mirar en esos ojos profundos como el mar lo comprendí. Entonces, un material intangible y transparente, como una especie de luz material, espesa nos cubrió, y no puedo asegurar pero casi podría decir que vi una especie de alas cobijarnos.

Entonces alcé la mirada al cielo y le agradecí de nuevo al destino por haberlo encontrado una noche bajo el fuego de una fogata. Y así, bajo el sol de la mañana de un día de no importa qué año, mi mujer, mi ángel vestido de mujer y yo, continuamos siendo felices.

MONÓLOGO

Hoy desperté sintiéndome extraño. Era una sensación entre cansancio y aburrimiento, entre soledad y hastío, entre nostalgia y ganas de llorar. Conforme fue transcurriendo el día la sensación fue haciéndose más y más intensa; es casi la una de la mañana y aún no sé qué es lo que siento. Tal vez sea que la carga de todos esos sentimientos reprimidos ha salido a la superficie. Tal vez simplemente ya me cansé de estar solo y necesito de alguien a quién querer y que esté dispuesta a entregarse como yo quiero hacerlo.

Qué extraño es el ser humano. Se pasa la vida buscando ser feliz, buscando a alguien a quién amar, alguien a quién acompañar y que lo acompañe a lo largo de su vida, y en esa búsqueda del amor, de la felicidad, trata de llenar esa soledad con cosas superficiales, con momentos de placer, de un placer pasajero que, a final de cuentas lo único que hacen es volverlo más solitario.

Y a final de cuentas, qué diablos es la felicidad sino una colección de recuerdos y sensaciones. Qué es la felicidad si no un álbum fotográfico en donde vamos guardando los recuerdos y sensaciones para que, cuando no seamos felices podamos hojearlo y sonreír un poco.

¿Qué duele más? ¿Ser infeliz toda la vida o conocer la felicidad un momento y luego dejarla escapar? Esa pregunta he venido haciéndomela desde hace ya varios años y aún no he podido encontrarle respuesta. Unos dicen que duele más ser infeliz toda la vida, pero ¿cómo saber si uno no es feliz si nunca se ha conocido la felicidad? Y al contrario, si alguien conoce la felicidad aunque sea por un momento y luego la deja ir, al menos tiene la experiencia de haberla conocido y eso lo impulsa a ser feliz de nuevo. Así que, ¿qué duele más? Realmente no creo poder hallarle respuesta a esa pregunta nunca.

Siempre he creído que las cosas buenas son para el que espera. Un pensamiento bastante conveniente para alguien que tiene años sin conocer el amor correspondido pero, ¿ será verdad? ¿Acaso habrá alguien en alguna parte de este camino llamado vida que esté esperándome para hacerme feliz? ¿Llegará el momento en que mi camino se una con el de una mujer que como yo, esté buscando a una persona que esté dispuesta a entregarse en cuerpo y alma?

De todos los misterios de la vida, el amor al menos para mí es el más oscuro de todos. Caminando lo encuentras de repente, lo conoces un rato y después se va. Si sigues caminando tal vez lo encuentres de nuevo. Pero claro, siempre tiene una cara y un perfume diferente, sin embargo sabes que es él. El amor es como un libro, el cual comienzas a leer. Después de un tiempo dejas de leerlo y cuando vuelves a hacerlo, muchas cosas son nuevas, la historia sigue, pero poco a poco vas reconociéndolo como a la historia del libro y recuerdas lo que ya leíste.

El amor es como un niño tímido el cual es difícil que se haga tu amigo. Tienes que ir ganándotelo poco a poco. Habrá muchas veces que crees que ya lo tienes y, sin esperártelo huya de nuevo al escondite. Tienes que seguir intentándolo, una y otra vez. A veces es más difícil, a veces no tanto, pero siempre, siempre es desconfiado. Solo está esperando que tú lo descuides un poco, que no lo mimes o lo alimentes para que vuelva a su lugar preferido, al lado oscuro del corazón.

El lado oscuro del corazón es ese lugar en el corazón de todas las personas donde se esconden todos esos sentimientos de los que no tenemos control. El amor, el odio, el miedo, entre otros viven ahí. Al lado oscuro del corazón es ese lugar en donde uno no puede entrar, uno no lo conoce ni lo hará nunca. El lado oscuro del corazón es ese lugar en donde los misterios de la vida se dan cita, donde conversan y se ríen de nosotros los mortales. Es un gran casino en donde se juega y se sortea qué sentimiento extraño va a salir a jugar y a divertirse un poco con nosotros.

Y viéndolo desde ese punto de vista, la vida es un gran juego. Es una gran broma en donde nos la pasamos luchando por ser felices y lograr lo más posible, para que  al llegar al final de ella te vayas tal y como llegaste, sin nada. Y entonces, ¿ de qué sirve la vida?   ¿ De qué sirve preocuparse por encontrar el amor, la felicidad si al final de cuentas te quedas igual que al principio? Solo, igual de solo o tal vez más. Lo único que queda es ese enorme álbum que fuimos llenando durante el camino. Si, vamos a recordar, vamos a ver esas imágenes del pasado y a sonreír un poco. Tal vez sea ese el propósito de la vida, el tratar de llenar el álbum con la mayor cantidad de imágenes posibles para que al final de ella puedas sonreír y no te sientas tan solo. Tiene coherencia...

Tal pareciera que todos esos sentimientos decidieron venir a visitarme y a jugar un poco conmigo, y yo creo que se han divertido pues en lugar de visita parece que se han mudado a mi corazón y han decidido quedarse.

Hace algún tiempo, un amigo me hizo una pregunta que me hizo pensar muchas cosas acerca de mi vida “desamorosa”. Me preguntó que cómo me iba. Yo le dije que muy bien, que todo me estaba saliendo a pedir de boca y que casi era feliz. Fue entonces que mencionó su nombre. Ese “casi” tenía grabado su nombre en cada una de las cuatro letras de esa palabra y era por ella que yo no podía ser completamente feliz. Entonces me preguntó: ¿no será que el que está mal eres tú?- yo inmediatamente contesté que no, pero muy en el fondo sabía que no era cierto, o más bien que no estaba seguro que fuera cierto. ¿Acaso soy yo el que está mal?
 ¿ Acaso no soy la persona romántica, cariñosa y gentil que siempre creí ser y que esa sea la causa de mi actual situación?

De todos los misterios de la vida, el amor es el más oscuro de todos...

Somos una raza extraña, ansiamos amar aún cuando sabemos que cuando se ama se sufre. El verdadero amor no es de color de rosa como muchos lo pintan. Es dar el cuerpo y el alma sin esperar a cambio nada más que lo mismo. Es buscar la felicidad del ser amado para así ser felices nosotros.

El amor es la adicción total al ser amado. Es dejar de ser uno mismo para convertirse en parte del otro. El amor es compartir, es hablar, es reír, pero sobre todas las cosas, el amor es ser. Ser uno mismo y dejar ser al otro. Es ser feliz siendo simple y sencillamente tú, sin máscaras, sin poses, sin miedo a entregarse en cuerpo y mente sabiendo que la pareja hará lo mismo. El amor es igualdad, pero también es individualidad; el amor es compromiso, pero también libertad; el amor es búsqueda y hallazgo, es ceder, es tomar y es dar.

El amor es una colección de pequeños instantes. El amor no se alimenta de otra cosa que de detalles, cosas tal vez insignificantes, pequeñas como una sonrisa, una mirada, una nota en el parabrisas del carro. El amor se nutre de esperanzas, de sueños, pero también de cosas reales. Eso es lo que hace al amor “humano”. Al convertirse el amor en algo humano, en algo terreno, se vuelve un ser vivo con necesidades y aflicciones. Necesita que lo cuiden, que lo alimenten, que lo acompañen en su crecimiento. Y es ahí, precisamente ahí donde todos o casi todos nos equivocamos. Creemos que cuando el amor nos llegue todo será maravilloso; que sólo nos tenemos que sentar y esperar que el ser amado nos colme de alegría.

Al ser el amor humano, también como nosotros enferma y también como nosotros muere. Para que el amor sea de dos y para dos, es necesario mucho más que sólo decir “te quiero”.

Uno de los mayores defectos de nosotros los humanos es que casi siempre nuestra boca no está conectada a nuestra mente o nuestro corazón.  Muchas veces decimos cosas que no pensamos o no sentimos, y eso a la larga puede ser muy perjudicial. El ser humano es tan maleable que a todo puede acostumbrarse, y es esa naturaleza flexible la que puede ser perjudicial. Si nos acostumbramos a usar la boca como un simple instrumento de comunicación, sin que ésta sea guiada por la mente o el corazón, alguien siempre sale herido, y casi siempre es la otra persona.

La frase “te quiero” es a mi parecer la frase más pesada que una boca puede pronunciar. Decir te quiero es la conclusión, la culminación de toda una serie de acciones, sensaciones y palabras COMPARTIDAS. El querer siempre será una reacción, una respuesta a un estímulo primero. Uno no puede querer a alguien per se, no hay tal cosa como el amor platónico, no existe. Puede existir un enamoramiento, el cual puede ser tan intenso que se confunda con el amor, pero el amor siempre es el resultado de una conjunción de elementos. Es por eso que el decir te quiero implica, o debería implicar tantas cosas; y es por eso que la boca no puede actuar por sí sola, siempre debe ser guiada.
El ser humano fue hecho tan perfectamente que se nos dio la capacidad de errar. El equivocarnos, muy al contrario de lo que se piensa, nos acerca a la capacidad máxima del ser: la perfección, o lo que es lo mismo, al “ no ser”. Me explico, para que un ser humano alcance su máxima capacidad, o sea la perfección, debe dejar de ser humano. Ningún ser material puede ser  perfecto, y es ahí donde radica la perfección. Para poder llegar al estado de “ no ser”, se debe llegar a “ser” primero. Aprendemos de nuestros errores y nos convertimos en “más” siendo “menos”. Somos la gran paradoja de la naturaleza. Yo creo que eso es verdad, pues cada vez soy menos, pues me la paso equivocando, pero a la vez me voy sintiendo más y más... estúpido.

De todos los misterios de la vida, el amor es el más oscuro...

¿ Qué es lo que busca el hombre en su caminar por la vida?¿Riquezas?¿Triunfos?... ¡amor es lo que busca! De nada sirve la vida si no se ama y no se es amado. De nada sirven las riquezas, de nada sirven los triunfos si no se tiene amor. Para “no ser” se debe “ser” y para “ser” se debe amar primero. No se puede “ser” si no se ama, pues a eso venimos, a amar, a ser felices y a “ser” lo más que podamos.

Y entonces, ¿qué demonios soy yo? No siquiera “soy” porque no he encontrado el amor aún, y no he dejado de “ser” pues aún no “soy”; entonces ¿qué soy? Lo que soy es un imbécil que está diciendo una sarta de sandeces y se está haciendo líos él mismo.

Yo creo que mi problema radica en que sé que soy una persona muy especial. Soy guapo, interesante, tengo personalidad y soy inteligente; pero todo se me olvida cuando estoy con una mujer que me interesa. Me vuelvo sumiso, débil. Dejo de ser yo para convertirme en un ser complaciente. Y eso sería excelente de no ser porque a los humanos nos gusta sufrir. Si nos tratan bien, nos aburrimos. En cambio, si nos hacen llorar ahí estamos, detrás de esa persona como perritos falderos.

Todo sería más fácil si las cosas fueran como deben ser y no como son. Si fueran de esa manera ni siquiera estaría aquí hablando como merolico, lamentándome de mi mala estrella. En fin, no puedo hacer nada al respecto más que seguir buscando amar para poder ser, y buscando ser  para, en consecuencia, dejar de ser.

Hoy desperté sintiéndome extraño. Y lo más extraño de todo es que aún ahora desconozco porqué me siento así. En mi casa me decían que era a causa de la luna, lunático- decían – eres un lunático. A veces creo que tenían razón. Todos los artistas somos raros. Somos volubles, cambiantes, impredecibles. Va con la gracia. Tal vez esa sea otra de las razones por las cuales estoy solo. Y estar solo no sería tan malo de no ser porque no hay nadie junto a ti. Estar solo es bueno, cuando uno lo desea. El problema es que yo estoy solo queriéndolo o no.

Un día alguien, me dijo que yo vivía de recuerdos; que añoraba el pasado y olvidaba el presente. ¿Cómo olvidar el pasado si en él fui feliz? ¿Cómo tratar de vivir en el presente si no existe desde que ella se fue? ¿Cómo vivir en un presente que sólo causa dolor y tristeza? Es difícil, muy difícil...

El recuerdo es lo único que me queda. No puedo arriesgarme a dejarlo ir como lo hice con ella. Se dice que  la felicidad está en nosotros mismos, no en el exterior. ¿Cómo ser feliz en el interior si aún estoy reconstruyendo lo que ella destruyó? Yo ya no soy yo, soy fragmentos de ella y de mí; y eso precisamente es lo que me impide ser feliz, ser yo mismo.

Muchas veces me pregunté cuánto tiempo haría falta para poder olvidar su cara, su perfume, su risa. Muchas veces me pregunté cómo sería no recordar sus besos, sus ojos profundos y tiernos; esa voz delicada y suave, esas manos pequeñas y tersas, y todos esos defectos que solamente la hacían verse más perfecta.

Cuántas veces me hice esa pregunta y cuántas veces me fue imposible contestarla. Tantas que no sé ya cuántas. No sé si la amo, hasta ahora no he conocido el amor. Lo único que puedo decir es que estoy enamorado, profundamente enamorado de ella, o de su recuerdo para tal caso.

Varios años han pasado desde que la dejé ir. Varios años han pasado y aún me sigue doliendo. No sé ya qué es peor, el dolor de su partida o que esté ya tan acostumbrado a él que no quiera dejarlo.

Es tan extraño, ella probablemente ya no se acuerda de mí y yo aún sigo tan atado a su nombre y a su recuerdo. He vivido tanto tiempo con ella, que ella ya no lo es. Ha dejado de ser aquel ser humano y material y se ha convertido en algo irreal, etéreo, efímero y perfecto. Se ha convertido en un sueño inalcanzable, en una añoranza. Se convirtió en el sueño imposible del quijote; en aquel deseo imperecedero y en el ideal, en la utopía. Viviendo en mi dolor se despojó de sus ropas de carne y sangre para quedar en alma desnuda; se acercó a mí y me tomó en un abrazo que aún no termina. Ahora ella ya no es ella, es sólo un cuerpo vacío, pues su alma se quedó conmigo.

 De todos los misterios de la vida, el amor, al menos para mí es el más oscuro de todos. No puedo decir lo que es, tal vez nunca pueda; a final de cuentas no importa realmente. Está aquí, en el aire, en las plantas, en el agua, en los animales. Está en mí, en mi piel, en mis venas, en mis poros, en cada una de mis células, en mis recuerdos y en cada una de las cosas que me conforman. No importa realmente saber qué es, pues el amor no se piensa, SE SIENTE.

DOLOR


La extraño, ha pasado tan poco tiempo y ya estoy muriendo por no tenerla. Cada cosa que hago, cada lugar en el que estoy, cada persona con quien hablo sólo me hace traer su cara a mi mente. Siempre hay algo que me  la recuerda, algo que me reafirma que no puedo olvidarla, que no puedo dejar de sentir por ella otra cosa que este enorme sentimiento que no hace otra cosa que doler.

Varias veces he sentido la necesidad de llamarla, de hablar con ella, de escuchar su voz; de decirle cuánto la quiero y cuánto deseo estar con ella, otra vez, como antes; viviendo entre nubes, compartiendo este sentimiento y pensando que nada puede salir mal.

Pero ahora ya no está, ya no escucho su voz, ya no oigo su risa, ya no siento sus besos ni sonrío con su recuerdo. Ahora ya no está y este pobre corazón no sabe qué hacer con este enorme sentimiento que se ha quedado encerrado y que se está transformando en dolor, en nostalgia y en desesperación.

La extraño, extraño su risa espontánea y contagiosa. Extraño su acento entre extraño y gracioso. Extraño su forma de ser, tan natural y sin poses. Extraño sus ojos, esos ojos tiernos y llenos de alegría que me alegraban con sólo mirarlos; y extraño esos labios, los cuales tantas veces me dejaron su sabor en la boca y los cuales me dijeron tantas veces te quiero. Esos labios que dijeron adiós y me dejaron ir, haciendo que mi vida regresara a ser lo que era antes de conocerla.

Y así, lleno de sorpresa y sin poder creer que estuviera pasando, mi corazón y yo nos despedimos de esa mujer, la cual me mostró el cielo con dos palabras y me llevó al infierno con una sola. Y ahora estoy aquí, sufriendo en mi soledad, añorando los días del ayer en que ella estaba conmigo y muriendo un poco cada día por no poder tenerla más.

Los caminos del destino son extraños e impredecibles, uno nunca sabe a dónde lo van a llevar. Así, estos caminos del destino hicieron que ella y yo coincidiéramos cuando las probabilidades estaban en nuestra contra. Incluso si alguien me hubiera preguntado antes de conocerla si habría hecho todo lo que hice para verla, para estar con ella unas horas, habría contestado casi sin pensarlo que no.

Los caminos del destino son extraños e impredecibles, hicieron que mi vida diera un giro de 180 grados, que entregara el corazón, que me enamorara, y que, como ya se me está haciendo costumbre, me dijeran adiós.  Y aquí estoy de nuevo, con el corazón herido y con una historia más escrita en el libro de los recuerdos, de los amores fallidos.

La extraño, ha pasado apenas tan poco y ya estoy muriendo por no tenerla. A veces me pregunto si algún día voy a enamorarme y mi pareja va a entregarse como yo, en cuerpo y alma, sin preocuparse si va a ser herida o si la otra persona es la indicada. Dar todo sin pedir nada más que lo mismo para uno, dar todo con la confianza de saber que, si no es el indicado, nada se habrá perdido y de nada habrá de qué arrepentirse.

Estoy cansado de llorar, estoy cansado de escribirle poemas al dolor, de estar viviendo de recuerdos y de no poder encontrar una mujer que no me haga sufrir, que no me lleve a las nubes y después me suelte, dejándome caer con su desprecio. Estoy cansado de entregar el corazón, de dar sin recibir, de sentirme vivo sólo por momentos y de tener que buscar caricias sin amor, momentos de placer que lo único que hacen es recordarme lo solo y vacío que estoy, que me he quedado.

Duele, me duele no poder verla, no hablar con ella, no acariciar su cabello, no poder mirar sus ojos y perderme en esa boca que tantas veces me hizo pensar que esto sería para siempre.

No le guardo ningún rencor ni resentimiento, yo sé que no es totalmente culpable, como no lo soy yo tampoco. Hay cosas que por más que se quiera no pueden tenerse porque no son para nosotros, pero todos tenemos un límite y el mío no está muy lejos de ser alcanzado.

La extraño, han pasado apenas tan poco y ya estoy muriendo por no tenerla. Sé que voy a encontrar la forma de no sufrir más por ella, tal vez no pronto, pero lo haré. Sé que encontraré a alguien más y me volveré a enamorar, tal vez conozca el cielo de nuevo y tal vez me dejen caer otra vez. Pero de algo estoy seguro: cada vez estoy más cerca de encontrar a la mujer, a mi mujer, a aquella que me enseñará las nubes, pero que me enseñará a volar también, para así, nunca más volver a caer...

“Sólo dos segundos me bastaron para saber que la querría,
  no sé cuantos meses, cuantos años para acabar con el dolor
  de tu despedida.”