Bienvenido.

El alma dice lo que la boca no se atreve; y en este espacio he decidido desnudarme el alma para hablarle al amor y a lo que con él llega o deja de llegar. Amor: Hermano, amigo, rival, tirano; en estas líneas te escribo...

Visitantes

Seguidores

lunes, 15 de diciembre de 2014

ATADOS

Seguimos atados,
contándonos estrellas;
intentando asirnos a nuevas ilusiones,
tratando de dejar de lado antiguas penas.

Seguimos atados,
tomándonos de las manos,
intentando someternos a los designios del destino,
haciéndole el amor a los recuerdos de noches en vela.

Seguimos atados,
confiriéndole razón a aquellas viejas novelas,
como queriendo tener algo más
que corazones que no se entregan.

Seguimos atados, olvidándonos sin olvidar,
amándonos sin amar,
intentando redimir
errores de heridas de amor que no se olvidan.

Seguimos atados,
cual ánimas confinadas a un olvido que nos embriaga,
como corazones sin destino,
como sueños que no encuentran un camino.

Seguimos tan atados que no podemos ser ni de nosotros mismos,
que todo intento de escapar es fútil;
que no te dejo,
que no nos dejamos.

Y me llevas atado a ti,
en cada beso y en cada abrazo;
en cada recuerdo de ti que no se va,
aunque hayas venido sólo de paso.

Y te llevo atado a mí,
en  cada sueño que rechazo,
intentando de nuevo sonreír,
olvidando que sin ti sólo hay ocaso.

Seguimos atados,
descubriéndonos atados a un pasado que no se aleja,
atados a una tempestad que no cesa,
atados a una dulzura que hace tanto dejó de ser,
que ya no queda más que las cadenas.

Seguimos atados,
tan atados que no hay más que despojos y desiertos;
como deseos que nunca se cumplieron;
como sueños que no se hicieron realidad,
como heridas que no pudieron nunca cerrar.

Seguimos atados,
tan atados que no nos podemos separar...aunque queramos.
Atados.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Y ASÍ

Sus cabellos caían cual cascada en mi pecho,
posándose suavemente en el tibio nido
que mi alma le había hecho.

Y toda ella parecía descender sobre mí
cual pluma que en el aire se va meciendo;
cual promesa que se lanza al viento,
cual caricia que recorre el silencio.

Mis brazos haciéndose uno con sus brazos,
sus manos fundiéndose en mis manos;
sus labios en los míos,
su regazo, pegado a mi regazo.

Dos seres convirtiéndose en uno,
como queriendo unir en un abrazo a todo el mundo.
Tú y yo, el mundo, nuestro mundo.

Su mirada, posada en mi mirada
intentando mirar el universo,
como haciendo siluetas en la piel,
como desnudando miradas en los huesos.

Y toda ella parecía descender sobre mí,
cual noche que cae sobre el silencio;
despertando toda sensación por sentir,
despertando mi amor y mi deseo.

Y yo le amaba así,
tratando de hallarle paz al desconsuelo,
como intentando vaciar mi pecho de sufrir,
como intentando con la vida llenarle el pecho.

Y nos vaciábamos en un continuo devenir,
como vaciando las miradas de un amor nuevo,
como mirando al mundo con nuevos ojos,
como mirando al mundo desde un lugar nuevo.

Y así le amaba,
como intentando vivir;
y  así me amaba ella,
como intentando desdecir;
y desdeñando caricias, nos vaciábamos de intentos.

Y así le amaba,
como versando al porvenir;
y así me amaba ella,
como intentando predecir,
como intentando producir futuros nuevos.

Sus cabellos caían cual cascada en mi pecho,
posándose suavemente en el tibio nido
que mi alma le había hecho.

Y toda ella parecía descender sobre mí
cual pluma que en el aire se va meciendo;
cual promesa que se lanza al viento,
cual caricia que recorre el silencio.

Y así,
intentando sentir,
nos deshacíamos en caricias y en besos,
como intentando desdecir
aquellos antiguos silencios.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

LA NACIÓN DE LOS CAÍDOS

Éramos todos una voz,
como atendiendo los cantos antiguos de antiguos cuentos;
en una mano Dios,
en la otra el infierno.

Y todo parecía atarnos
a nuestros más terribles miedos,
como intentando aguardar impasibles
el impaciente terror del silencio.

Eramos todos una fuerza,
como atendiendo los sueños de un lejano pueblo,
de uno que no se menguaba,
a pesar de tener en la mano sólo intentos.

Y nos perdíamos
entre la guirnalda y el golpe de pecho,
entre los diálogos de almohada
y los temblores que causaba un beso.

Y de a poco se alejaba
aquella soledad y aquellos miedos,
alzando una sola voz que no menguaba,
aunque menguasen nuestros deseos.

Y de a poco nos dábamos cuenta
que nada podíamos hacer
si no hacíamos lo que nos dictaba nuestro cuerpo.

Y así nos perdíamos,
perdiéndonos en cada latir de un corazón sincero;
como haciéndonos a la labor
de no poder dejar de tenernos.

Llamábamos a los rayos, a los truenos;
como llamando a la eterna esperanza de un amor sin recelos.
Llamábamos a los días en los que no hiciera falta el consuelo,
como llamando a la razón de un corazón sin miedo.

Y clamábamos victoria,
como haciéndonos a la bonanza de un tiempo nuevo;
mientras el amor nos acorralaba
y nos hacía de nuevo prisioneros.

Y éramos esclavos de amor, de ilusión y de esperanza,
cuando debíamos haber girado en la esquina de la razón,
de una vida que no fuera guiada
por otra cosa que no fuera la añoranza.

Y henos aquí,
tratando de olvidar antiguos cuentos que carecen de alma;
mientras nos unimos a una sola voz
que no parece abandonar la esperanza.

Y henos aquí,
sirvientes del dolor que nos hiere y nos roba la calma,
como intentando dilucidar un nuevo sol que no caliente,
que no quite el aliento y la prestancia.

lunes, 8 de diciembre de 2014

INTENTOS

Te encontré una noche vestida de recuerdo,
intentando aparecer,
intentando quedarte.

Y las horas pasaban,
como haciéndose cómplices de ti,
como deseando forzarme a sentir,
como intentando habitar mi almohada.

Te encontré besándome la razón,
en un insistente intento de enamorarla,
intentando introducirte en mis intentos,
intentando vaciarte en mi alma.

Y en cada intento,
la vida parecía quedarse congelada,
entre tanto testarudo intento
de encontrarnos de madrugada.

Y nuestro silencio solamente nos alejaba,
intentando soñar un nuevo sueño,
uno que no deje el corazón herido
y el alma enamorada.

Y en cada intento te perdía,
o me perdía yo en él,
y mascullaba desiertos
como intentando apartarme de cada alborada.

Te encontré una noche, vestida de olvido,
de recuerdo fallido,
de instante fortuito que se pierde en el vacío.

Y las horas pasaban lentas,
como haciéndose enemigos,
como derrocando las instancias correctas
para disolvernos de a poco; castigo.

Te encontré besándome la desazón,
en un incipiente deseo de hacerlo;
como intentando convertirte en solitaria canción,
como haciéndote lluvia, lago, desierto, invierno.

Y en cada intento te encontraba
haciendo de cada canción una morada,
arremolinando sentimientos para desaparecerlos.

Y en cada intento volvía a claudicar,
al darme cuenta que no importaban los intentos,
si  no te conseguía alejar,
o hacerte a mi lado.

Te encontré una noche vestida de soledad,
intentando destronar tanto triste intento,
intentando desnudar las ilusiones
para dejarlas en el hueso.

Y así te encontré,
intentando intentar
no intentar más que tus besos.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

DE NUEVO

Descubríamos ilusiones a cada paso,
en cada letra, en cada mirada furtiva;
como incendiándonos de colores
en un vapor que no termina.

Y volvíamos a hacernos daño,
como hechizo de amor que no fluía,
como rictus de dolor,
como corazón que se le clava una espina.

Desnudábamos corazones en cada intento por acallar las frases dichas,
como tratando de desdecirnos,
como diciendo adiós,
como abriendo una herida.

Y volvíamos a desnudarnos el corazón,
mostrando una grieta que apresuraba el paso,
como haciéndose a la labor de resquebrajarnos la vida.

Despedíamos ilusiones como desgranando los brotes nuevos que crecían,
ahuyentando sensaciones que no se quedaban,
que no despertaban al nuevo día.

Y volvíamos a dudar de encontrarnos en el mismo lugar,
en la misma colina; en la barra de algún bar,
o en  medio del vendaval que arrasaba nuestra tranquilidad,
nuestra llovizna.

Y así claudicábamos las ganas de abrazarnos la vida,
ausentando corazones que, cansados de soñar
se rompían a borbotones.

Y así nos hacíamos a la mar,
a la vera de un silencio que no dolía,
sino mataba en silencio las ganas de amar el mismo sueño.

Y te volvía a olvidar,
y me olvidaba de mí,
de nuevo.