A veces, te encuentro,
escondida entre las letras difusas
de un poema no escrito,
entre los árboles,
entre los autos,
entre los pájaros y su silbido.
A veces, como no queriendo,
te encuentro,
efímera y difusa,
contradictoria y eterna,
como dama,
como princesa,
como musa,
como quimera.
Y a veces,
por casualidad o por accidente,
te encuentro,
como encontrando un nuevo intento
de renovar este deseo de encontrarte
caminando por la calle,
sentada en un café,
leyendo ese libro que nunca puedes terminar.
A veces, por culpa del azar,
o por culpa del destino,
termino dando contigo;
termino encontrándote al final del camino,
en la noche del silencio,
en el comienzo del día,
en el instante compartido.
A veces te encuentro,
escondida entre las letras difusas de un poema no escrito,
entre los rincones de un amor que no cesa,
que se niega a perderse en el olvido.
A veces, como no queriendo, te encuentro,
efímera y difusa,
contradictoria y eterna,
como estatua,
como sirena,
como diosa,
como estrella.
Y a veces, por casualidad o por accidente, te encuentro,
y termino encontrándome también,
buscando encontrarte en cada silencio,
en cada escrito,
en cada sueño, en cada suspiro.
Y termino amándote,
amándote cada vez que te encuentro,
cada vez que vuelves a aparecer,
cada vez que te materializas
y me haces amarte de nuevo,
y me obligas a perderme
en el sentimiento de una noche,
de un instante,
de un momento contigo.
Y de nuevo vuelves a desaparecer,
hasta otro nuevo día,
otro accidente del destino,
en que vuelva a intentar olvidarte
y termine encontrándote otra vez,
y te vuelva a amar hasta perderme,
hasta perderte,
hasta perdernos de nuevo.