Bienvenido.

El alma dice lo que la boca no se atreve; y en este espacio he decidido desnudarme el alma para hablarle al amor y a lo que con él llega o deja de llegar. Amor: Hermano, amigo, rival, tirano; en estas líneas te escribo...

Visitantes

Seguidores

miércoles, 21 de diciembre de 2016

PARECÍA

La noche parecía haberse detenido
entre los dulces clamores de un mar embravecido,
como deteniendo su paso al placer,
como defendiendo su paso al olvido.

la noche parecía detenerse,
como deteniendo las ganas de perderse,
como lanzando piedras al pasado,
como poniéndole peros al destino.

La noche parecía congelarse,
llenando de intención aquellos pasos,
como destruyendo antiguos sinsabores,
como construyendo nuevos futuros contigo.

Y cada encuentro parecía nombrarte,
y cada frase adquiría sentido,
palabras de amor, de un nuevo amante,
palabras de un corazón malherido.

Y cada noche se presentaba
abierta de una ilusión expectante,
llenando silencios aquella canción,
llenando aquella prisión de aire.

Y yo me detenía,
acompañando a mi aflicción,
intentando escuchar al corazón
que no encontraba manera de olvidarte.

Y yo me congelaba
recordando tu pasión
y aquella testaruda afición a marcharte;
congelando con adioses aquel dolor,
congelando las ganas de acariciarte.

La noche parecía haberse detenido,
deteniendo consigo mis deseos de acercarte;
paisajes de amor que se mueren de frío,
historias de ilusión que no supieron quedarse.

Y una manta al corazón
que no para de extrañarte.

LLÉNAME

Lléname la piel de tus labios,
lléname la boca, los ojos, el corazón.
Lléname los sueños con tu nombre,
con el dulce nombre de tu canción.

Lléname los días de tu presencia,
como llenando mares, como olvidando ausencias.
Lléname los intervalos de coincidencias,
de sonrisas, de regalos, de callada complacencia.

Lléname los sueños de realidades,
de prosa, de verso, de incienso y vanidades.
Lléname los días de noches,
de distancia y de helecho, de jazmín y madrigales.

Lléname el alma de tempestades,
Lléname de intentos, de encuentros,
de sonrisas fugaces.

Lléname de desiertos,
de montañas, de lagos,
de llanuras y pastizales.

Lléname cada vacío,
cada silencio sombrío,
lléname de rosas y de claveles,
de ganas de amar, de enconar quereres.

Lléname la boca con tu nombre,
con ese dulce alimento que me llena de querer.
Lléname el intelecto de cada detalle tuyo,
de cada suspiro que genera tu ser.

Lléname, mujer,
ven a llenarme de ti.

lunes, 19 de diciembre de 2016

ÉRAMOS

Éramos dos buscando universos,
buscando maneras de volvernos eternos,
éramos del sinsabor y del amargo trago,
del sueño de amor, de la prosa y del verso.

Éramos de la noche y sus misterios
buscando maneras nuevas de soñar sueños nuevos,
éramos del ruido de la ciudad y de la calma del campo,
de las letras de sabiduría, de las de pasión y pesadía.

Éramos del verano, del acento callado,
de los días de calor y los besos apresurados.
Éramos del estío, de los días del viento y de frío,
de los besos tiernos y de los nombres que olvido.

Éramos uno, tal vez el mismo,
dos cabezas y un corazón,
dos cuerpos, un universo.

Éramos uno, tal vez el mismo,
canciones de amor, miradas de optimismo;
tus ganas de volar y mis ganas de salir del abismo.

éramos dos buscando universos,
buscando maneras, océanos, mareas;
éramos de los que se negaban a olvidar
para no volver a pisar el pantano.

Éramos dos, éramos uno, éramos fuego;
historias de mar y de andar, de risas y de lamentos.
Éramos dos, crisol y ataúd, final y comienzo;
éramos el desertor de una caricia a destiempo.

Éramos las ganas de amar, las ganas de llenarnos de caricias el cuerpo,
éramos las trades gris, las cobijas y los finales felices.
Éramos los besos, los abrazos, los deseos y los fracasos;
éramos las miradas perdidas en la inmensidad del deseo.

Éramos únicos, éramos nuestros;
éramos recuerdos de una ventisca que sopló entre tus cabellos;
éramos juntos, éramos fantásticos,
éramos los encuentros que nos guardamos.

Y tanto éramos,
que terminamos
por dejar de serlo.

jueves, 15 de diciembre de 2016

SIN SABER

Nunca supe su nombre,
su nacionalidad o su destino;
nunca supe su edad, su signo del zodíaco
o el perfume que llevaba su vestido.

Nunca supe si gustaba del café,
si por la noche lloraba a mares,
si, para ocultar su pasado agrietado,
los labios se cubría de bilé.

Nunca supe del devenir del tiempo,
cuando a su lado me sentaba
en aquel viejo café.

Junto a ella olvidaba todo,
raza, religión, color y acento,
y absorto le admiraba
como niño mirando dulces en anaquel.

Nunca supe si lo notaba,
si mi presencia era advertida;
no supe bien si era a mí quien sonreía
o a algún recuerdo de algún cabaret.

Nunca supe si me amaba,
si en las noches en mí pensaba,
o si era sólo un remedio
para olvidar el ayer.

Nunca supe si era real,
si las cosas que platicábamos
eran sueños y nada más.

Nunca supe de sus dolores,
de su insomnio o de sus temores;
nunca supe qué le afligía,
o qué vendaval le quitaba la vida.

Nunca supe de sus historias,
de sus batallas y sus victorias.
No supe nunca de qué pie cojeaba,
o si es que acaso me extrañaba.

Nunca supe realmente nada,
ella era todo misterio,
desde su piel hasta su cuello,
de las costillas al firmamento.

Y así, sin saberlo,
le amaba,
más que a mi propia vida,
más que a mi pluma y a mi guitarra.

Y así, sin saber más nada,
me entregué a ella,
como quién salta sin ver,
como quién se arriesga a perder.

Y así, también,
la perdí.


martes, 11 de octubre de 2016

ANOCHECER

Anochecer en ti,
en tus labios, en tus besos;
anochecer en esos brazos
llenos de sueños.

Anochecer en esos ojos,
en tu mirada;
en cada suspiro de amor
que me arranca la curva de tu espalda.

Anochecer en tu feminidad,
en tus bordes llenos de sexo;
anochecer en esos deseos
de beberme tu humedad.

Anochecer en tu melena,
en tus piernas de enredadera;
anochecer en esos muslos
que tanto ansío devorar.

Anochecer en ti,
anochecer en tu vera;
anochecer en cada instante
que me desborda y desespera.

Anochecer a tu intento,
a tu crepúsculo, a tu portento;
anochecer a tanto cuento
que queda por compartir.

Anochecer en ti, mujer tormento;
anochecer a tu soledad
y a tu acompañamiento.

Anochecer, que te quiero consolar,
que quiero entibiar
tu obscuro anochecer.

Anochecer en ti, mujer;
déjame anochecer en ti.